viernes, 31 de diciembre de 2010

y te vas ahora?


Cuándo bajé dos kilos después de diez meses de dietas, siete sopas congeladas en mi freezer y la mirada en secreto de cuestión de peso casi a diario.
Cuándo domé mis rastas y aprendí a hacerme trencitas presentables en mi frente.
Cuando adquirí constancia de ir al gimnasio dos veces por semana.
Cuando terminé mis tareas laborales sin tensionarme, sin desvelarme, sin enojarme.
Cuando logré el espacio para juntarme con las brujas y disfrutar de charlas con mate y pocos cigarros.
Cuando recordé a mi vieja y me reconcilié con sus excesos, cuando despedí a mi viejo en el aeropuerto llorando para adentro, sin dramatismos externos.
Cuando estudié y aprendí, sonó el despertador y lo escuché.
Cuando me enojé de verdad con mi hijo y lo sentí como crecido, como diferente, como independiente...y se me pasó luego de un abrazo calentito.
Cuando prioricé hacer el amor cuando se pueda y no prefijando noches de novela.
Cuando sentí que escribir me genera más adrenalina que conseguir un vestido nuevo y de oferta.
Cuando elijo al hombre que me acompaña porque no ando a los saltos,,,salto con alguien que me agarra de la mano.
Cuando cuento y tengo pocos amigos a los que vuelvo a elegir, porque los admiro.
Cuando bailo solo cuando siento una chacarera.
Cuando viajo si quiero y vuelvo porque está mis casa, linda, de colores.
Cuando me consigo un buen libro y me quedo horas en el living degustándolo.
Cuando estoy por cumplir 44, tengo celulitis y venitas en las piernas, mi piel no está tan tersa pero frente al espejo, con un vestido de diseño y mis plataformas me gusto y me sonrío.
Cuando veo a los hijos de mis amigos crecer y quiero abrazarlos, a las parejas de mis amigas como cómplices en las bancadas, a los padres como casi tíos...con ternura.
Cuando reconozco que me sigo equivocando, que me equivoco aún más...que entre perra y rubia tarada no hay tanta distancia.
Cuando sigo jugando a la rebelde pero admiro a los revolucionarios que no mintieron reconociendo la diferencia y avergonzándome de mis ilusiones.
Cuando regalo más de lo que me compro.
Cuando te miro con respeto si te encuentro en el semáforo limpiando el vidrio de mi auto.
Cuando acepto que lo que tengo no es por mérito, es por azar...y que el mérito es cuidarlo para compartirlo.
Cuando hago mi balance , me emociono por todo lo que siento...ahí te vas?
Siempre me hacés lo mismo...año perverso.

viernes, 24 de diciembre de 2010

feliz navidad para mi


Hace más de una hora que aterrizó en mi terraza. Estruendoso y ordinario. Subí sin dejarme ver y me quedé espiando en el marco de la entrada, sobre la escalera.
Es tal cual me lo imaginaba, tal cuál lo ensoñé desde pequeña...torpe, exagerado, brutalmente rústico. Mal vestido, intemporalmente luqueado...Vientre enorme, brazos y piernas insignificantes, pelo largo y enredado, barba más larga aún, desprolija y alojando restos de comida. No sé si el olor nauseabundo es de él o de los renos, pero la vaharada se vuelve insoportable.
Se sentó contra uno de los muros, se sacó las botas y practicó unos cuantos bostezos desarticulados. Con la manga limpió de sudor su frente y se desparramó en la sombra que tira la planta de kiwi de mi vecino.
Bajé a mi departamento.
Elegí el mejor culotte, un soutiene de encaje , ligas y medias livianas . Me subí a mis stilletos de 20 centímetros...enormes y rojos también. Me solté el pelo y atravesé una cortina de perfume de BS. Pinté mis labios con un rouge caliente y filoso, me limpié los dientes y pellizqué mis mejillas.
Despacito, imperceptible otra vez subí la escalera.
Dormía.
Me acerqué chequeando que el profundo sueño continuaba...-pobre hombre,está agotado.
Me paré ante él con mis piernas eternas y tensas abiertas.
Bajé hasta enfrentarme a su cara.
Gotas transparentes, gotas saladas, miles de gotas recorrían mi espalda.
Sus ojos cerrados, su boca entreabierta.
Con mis brazos extendidos medí distancias hasta tocar su muñeca.
Lenta y deliciosamente abrí sus dedos con los míos, temblando.
Lo tuve entre mis manos, era mío...Con un solo y último movimiento, con prisa y sin hacer ruido.
Me deslicé escaleras abajo, cerré la puerta. Por fin, sola, frente al tesoro más valioso.
Su bolsa.

la conquista del desierto

No me gustan los secos.  Los hombres secos y las mujeres secas.  Tan correctos y agrios.  Prolijos y ordenadores.  Con carteles y...