sábado, 29 de mayo de 2010

lo que pudo haber sido


En el borde del camino hay una silla. No sé si hubo otras que no ví o es la primera con la que me encuentro. En ésta me siento.
Me voy a alinear, acomodar mi falda, volver a atar mis cordones.
Voy a desprender los botones de mi blusa para contarlos y volverlos a prender. Revisaré los ganchitos del soutien y si estoy aún con ambos aretes puestos.
Contaré mis pulseras y las cuentas del collar de mostacilla,rearmaré los rulos de mi pelo rojo.
Abriré mi mochila y miraré lo vacío del monedero, lo lleno de papeles viejos que almaceno porque no hay tachos. Leeré tu carta.
Una, otra, otra y otra vez.
Recordaré mi cuerpo tenso y desnudo esperándote. El vacío de mi cama cada vez más grande, el café que se enfría y la coca del fernet sin gas.Mi enojo con llanto y sin llanto. Mis gritos y maldiciones. Mis movimientos en paroxismo juntando una pocas cosas y el portazo final.
Y el viento en bici. El mapa grande que se me vuela cada vez que lo depliego. Y mis carcajadas al aire, fuerte, tan fuerte que me erizan la piel. Y mis noches en la estación, en un hostel, en el tren, bajo un árbol. Y la luna y ese sol.
Y silencio.
Hoy me desparramo un rato en la silla. A veces necesito un traguito de nostalgia.

sábado, 22 de mayo de 2010

como en un tango


Es que sos un atrevido.
Crees que es simple herir y esconder el tramontina.
Imaginás liviano el escupir y que al hacerlo solo se cubre de pegote mi cara.
Pensás que vale oro tu opinión y que da miedo.
Te noto convencido al ensuciar con cobardes testimonios lo que soy, o por lo menos lo que quiero que crean.
Soñás con que me retuerza, de amor, de dolor o lo que sea ...pero que me retuerza al fin...como tu vieja retuerce trapos al baldear.
Sentís resuelta tu increíble devoción por mi,construís castillos que te alejan de lo infinito de mi carne rozando la tuya e intentás silenciar gritos de pequeñas muertes en mi cama.
Tratás de que ya no coma, no baile, no me curve al cabalgarlo.
Amordazás mis días. Amordazás con papel barato, liviano, frágil, cada una de mis noches.
Le contás a los demás y frente a tu espejo que no soy tan hembra, que me lo perdí, que elegí lo fácil.
Escribís poemas de oferta hasta ensordecerme...
Decís que elegí dejarte atrás del vento, una tarjeta, un auto, viajes y la estabilidad de un hombre mayor. No.
Elegí dejarte porque no te admiro, porque tus chistes me avergüenzan,es un letargo estar una noche a solas, tus ruidos me dan nauseas y ya no me acuerdo de tu cuerpo sin tensarme.
Chabón pusilánime....
Embrión de carne cansada...me dijiste, despechado.
Si te sirve... te regalo esa creencia.

miércoles, 12 de mayo de 2010

un matecito doña?


Me gusta porque después de hacer el amor se convierte en mate.
Sigue caliente, fuerte y sin lavarse.
Me quita el hambre, el sueño y la ansiedad.
Me gusta porque está a mano, porque se deja compartir. Porque entra en mi boca y lo envuelvo hasta exprimirlo.
Porque cuando se acaba, o se lava, o se enfría siempre tiene arreglo.
Me gusta porque es verde...y me calienta a mi.
Mi hombremate mata hombres, elimina adversarios. Solo un hombre que se deja mate puede ser amado sin traición.
Y ando, por la vida, con mi equipo de mate, para amarnos en el auto, en el bosque, en su casa o en la mía, en los viajes, en los velorios, en recitales, en fiestas, en peleas y abrazos.
Nos trenzamos queriendo ser uno, nos fundimos en calentura justa, gritamos, tensos hasta derretirnos y nos miramos.
Tras un enorme silencio mi hombre se transforma.
Es mate.
Y me lo vuelvo a tragar.

viernes, 7 de mayo de 2010

hoy no




Hoy juego a la muertita.
Voy a elegir una muerte con glamour, una muerte linda.
No me vengan con muertes naturales, muertes imprevistas pero en casa, cómoda en cama...no.
Eso de morirse merece un buen trago de vino rico, un cigarro disfrutado hasta el final,una porción de pizza con faina y un buen tango.
Un vestido bien negro...como mi muerte; un sombrero, unos guantes, el pelo rojo y muy largo...tanto como mi miedo a la muerte.
Una noche.
Un perro viejo aullando.
Tres mujeres blancas, casi sin sangre, con delantales lívidos y olor a mentas...peinándome, vistiéndome, prendiendo repetidas veces mi cigarro.
Y un asesino. El más hábil, el portentoso. El que primero me encante para, de un golpe, intentar terminar conmigo.
Y el silencio de una muerte que no tiene ovarios...los retumbos en la calle, amenazantes, sentenciosos, que avasallan.
Todos mis hombres, mis hijos, mis mujeres, mis lugares, mis sueños, mis canciones, mis cuentos, mis vestidos.
Todos mis perfumes, mis marchas, mis batallas, mis mentiras,mis libros...todos juntan firmas para pedir que mi resurrección sea posible.
Y la plaza de mi barrio se llena de manifestantes y manifiestos...y no me dejan ir, no se resignan.
Y la voz de ellos no es suficiente, entonces enarbolan armas y disparan al unísono, sin errores.
Y asi matan a la muerte.
Y la revolución triunfa confirmando que por hoy no se muere.

domingo, 2 de mayo de 2010

sálvese quién pueda


Con un corazón desnudo uno sabe que no se salva.
Voy a vestir mi corazón...
Si le pongo una camiseta de frisa blanca y un culotte y lo dejo en casa, escuchando a Salinas, tomando un café bien negro, tirado en mi sillón mirando la lámpara del piso de arriba...un corazón solo pero cómodo, para que no se inquiete, ni sufra ni se alegre, que no se conmueva ni mueva...un corazón casero.
O le pruebo un sospechoso conjunto en animal print, con ligas y medias negras, y le coloco botas bucaneras, con enorme tacos...y lo perfumo para que quebrante a quien lo escuche latir y lo dejo suelto, con la puerta bien abierta y dinero en el bolsillo, para que reviente en la noche con su tapado de piel ecológica...un corazón fiestero.
O mejor...lo disfrazo, de heroína. Y lo enfundo en un traje ceñido y de cuero negro. Le agrego stilettos y una capa. Antifaz...un corazón valiente. Y lo dejo que vuele, que detenga aviones, lluvias y trenes; que rescate chicos sufrientes que están en las terrazas de los edificios a punto de tirarse.
Pero es necio. No se deja vestir. Me peleo con él a golpes de puño, hasta hacerlo sangrar y lo arrastro hasta mi ropero donde hay cientos de alternativas.
Y se retuerce y dice que lo deje, que ya está, que quiere ser seguir desnudo para siempre.
Y me empuja como el hidalgo de lanza en astillero y me grita que me aleje, que es tarde, que la idea es que se note, que nadie se confunda...
Un corazón hecho trizas, noqueado en el último round.

la conquista del desierto

No me gustan los secos.  Los hombres secos y las mujeres secas.  Tan correctos y agrios.  Prolijos y ordenadores.  Con carteles y...